El otro día una señora me mandó un mensaje, contándome un problema que tiene con su pareja. Él se ha vuelto muy celoso a raíz de enterarse que, la señora lo había traicionado. Aunque decidió perdonarla y continuar la relación, comenzó a controlar los mensajes, la reclama cuando no responde el teléfono y exclama que, tiene miedo que lo vuelve a traicionar. La señora por su parte reconoce que, cometió un error, pero no sabe cómo recuperar la confianza de su novio y siente que está pagando una deuda que no se acaba. 

Pregunté a la señora ¿Qué esperaba de mí, al contarme su historia? y ¿Cómo le gustaría ser acompañada ante esta situación? 

Ella quería separarse de su pareja, porque no soportaba que la controlen tanto y que sigue pagando por su error. Aunque lo ama y comprende su dolor, llegó a un límite, porque no sabe cómo calmarlo. Entonces entendí que, la señora buscaba a alguien, quien justifica su decisión.

Decidí compartir esta historia, porque no es la primera vez que me consultan algo así. Frecuentemente me suelen preguntar si se puede superar una traición y cómo se puede sanar la herida que deja. 

He escuchado a muchos terapeutas recomendar que “se debe aprender a perdonar” y estoy de acuerdo, pero también estoy de lado de mis consultantes que siguen con dolor. Perdonar no es fácil. 

Entonces, me acuerdo de una historia, que me contaron alguna vez para enseñar a los niños ¿qué es confianza?: 

Decía una profesora de primaria a sus alumnos que, van a ganarse su confianza mediante sus actos y pone un jarrón de vidrio grande en su mesa.

Cada que ve en el curso actos de responsabilidad o bondad, botara varias canicas en el jarrón.

Es decir, si entra en la mañana al aula y está aseado: una canica; si entre compañeros cumplen con la regla del respeto durante la clase y no se interrumpen: otra canica y así se llenó el jarrón de confianza.

A medida que el jarrón se iba llenando, la profesora dio más libertad a los alumnos. De pronto, salieron a recibir clases en el jardín o planificaron una actividad recreativa que requería de más responsabilidad de parte de los alumnos.

Viendo la cantidad de canicas en el jarrón, los alumnos siempre sabían cuanta confianza les tenía su profesora y de acuerdo a eso, tenían seguridad de qué podían esperar de su clase.

Obviamente, también conocieron los actos que rompen la confianza y llevaron a la profe, a sacar una o más canicas del jarrón: cuando encontraba basura tirada en el piso, cuando habían peleas o gritos… entonces se sacaron algunas canicas.  

Cuando escuche este ejemplo por primera vez, me sonó a una técnica de adiestramiento. Sin embargo, me gusta mucho la imagen del jarrón con canicas para entender cómo se construye la confianza.

Por ejemplo, en una relación de pareja, ante una traición, me imagino un jarrón destrozado. 

También me pongo a pensar en mi propio jarrón de confianza; ¿Cómo estaría cuando descubro un engaño?, ¿Cuántas canicas le quedarían a mi pareja?, ¿El jarrón se puede volver a llenar? 

Este ejercicio me hizo entender que, la confianza se construye en cada persona de acuerdo a los actos que le inspiran confianza.

¿Qué hace tu pareja, que te inspira confianza?

Para la mayoría son cosas pequeñas (como pequeñas canicas):

Se acuerda de tu cumpleaños, o del cumpleaños de tu madre, está contigo durante la enfermedad de un familiar, cuando te promete algo, lo cumple y cuando no puede prometer algo, lo admite con sinceridad…  

¿Cómo sería en tu caso?, ¿Qué actos te inspiran confianza?, ¿Qué tienen que hacer los demás para que se llene tu jarrón de confianza hacia ellos? Y, al contrario ¿Qué no estarías dispuesto de hacer, para llenar el jarrón de confianza de lo demás? 

La señora que me contactó, me hizo entender que, también tenemos límites. Al parecer, las canicas de su pareja representaron actos como: contestar el teléfono de inmediato, dar acceso a sus mensajes personales, dar a conocer en cualquier momento dónde y con quién se encontraba. La señora tenía que convertirse en un libro abierto para su pareja, hacer todo lo que le pedía, pero cada que no respondió, el jarrón de confianza de su pareja se vació nuevamente y así se convirtió en un barril sin fondo.

Entonces, después de una traición, ¿Ya no hay como reconstruir la confianza porque el jarrón se destrozó?

Yo diría que, ahí está la responsabilidad de cada uno de los partes: Quién decide perdonar, debe saber y admitir que necesita, para que se llene el jarrón de canicas nuevamente y debe estar seguro/a que su jarrón no se convirtió en un barril sin fondo. En cambio, quién pide perdón, debe tener claro, qué está dispuesto de hacer, para volver a llenar el jarrón del otro, pero también debe conocer sus límites y así el “perdonar” se convierte en un proceso de sanación conjunta.

¿Qué te parece?