Las prácticas colaborativas y dialógicas tienen su origen en la terapia familiar sistémica y surgieron como una nueva propuesta de “conversar con” el consultante en vez de “hablar de” o “hablar a” quien acude a terapia. Sus autores son los terapeutas e investigadores estadounidenses Harlene Anderson y Harold Goolishian, quienes se dieron cuenta que en la práctica terapéutica no es tan significativo de qué se habla, sino cómo se conversa y cómo se construye una relación terapéutica. 

Según esta propuesta, no existe una realidad o verdad única, sino cada uno de nosotros ha construido su realidad a través de sus relaciones con otras personas. Nuestras formas de vivir la vida, sentir y actuar, parten de concepciones y creencias que se han construido socialmente a través de nuestras relaciones (con otros o con nosotros mismos) y por lo general no paramos a mirar estos constructos, los vivimos como verdades, como “la realidad” que nos obliga a ser y hacer de cierta manera, sin que nos preguntamos qué sentido, qué significado y qué impacto tiene sobre nosotros.

Nuestra realidad es lo que nos contamos entre personas, lo que enseñamos y aprendemos de otros y finalmente lo que nos contamos a nosotros mismos. Estas conversaciones generan concepciones del mundo sobre que es bueno/malo, correcto/incorrecto, normal/anormal y de acuerdo a estas concepciones damos significado a las cosas y eventos que nos suceden. Dependiendo del significado que damos a una cosa, puede ser un problema o una oportunidad, nos puede producir ansiedad o alegría. 

Ante dicha dinámica, las practicas colaborativas y dialógicas proponen una forma de diálogo generativo, donde consultante y terapeuta co-construyen nuevos conocimientos. El consultante comparte de su situación particular y el terapeuta facilita un proceso de exploración de la situación, lo que muchas veces lleva a la transformación de significados; no porque el terapeuta lo impone, sino porque el diálogo colaborativo produce este efecto.

Al momento de conversar de manera diferente sobre un tema, los contenidos adquieren un sentido diferente. Harlene Anderson (1997) decía que los problemas en el diálogo no se resuelven, pero se disuelven, porque adquieren un nuevo significado. La relación terapéutica no solo transforma al consultante sino también al terapeuta, quien aprende de cada proceso o conversación algo nuevo porque asume un rol de acompañante, más no de consultor.   

Mi acompañamiento tiene la intención de conocer algo nuevo y diferente. Estando y pensando solos, estamos programados a ver nuestra situación de una sola forma, como un caballo de trineo que esta puesto un visor y solo ve lo que está al frente. El proceso colaborativo pretende retirar los visores y conocer todo lo que está alrededor de una situación, sin juzgamiento.

Exploramos significados y sentido atribuidos para conocer alternativas y posibilidades nuevas.