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Las heridas emocionales no son tan obvias.

El concepto de curar heridas emocionales está de moda, pero ¿de qué se trata realmente? ¿qué puedes entender por heridas emocionales? Cuando escuché por primera vez sobre eso, tuve la sensación de que es algo muy misterioso y complicado. 

Seguro que a veces tienes la sensación de que algo de tu infancia, tal vez la relación con tu madre o los problemas que viviste en casa, siguen contigo hoy, pero no sabes exactamente cómo ni por qué. No es tan fácil de descifrar, pero una vez que entiendes la dinámica detrás de esto, obtienes una verdadera experiencia de asombro.

Una herida física es un dolor que puedes localizar en cualquier parte del cuerpo y sabes, porque aquí es donde pasó esto y aquello, siento ese dolor ahora. Entonces ya sabes qué hacer para curar la herida (un vendaje, desinfección, ver a un médico, etc.) También sabes que eventualmente mejorará porque el cuerpo siempre tiende a curarse.

Una herida emocional, en cambio, no es tan fácil de localizar. Muchas veces se necesita ayuda profesional porque el dolor no se siente solo como dolor o tristeza, también pueden ser ataques de ira, retraimiento, estados de ansiedad o formas de sumisión extrema, que indican una lesión emocional. 

La herida emocional desencadena el dolor en forma de una reacción emocional exagerada o de inhibición ante determinadas situaciones llamados “triggers”. La mayoría de las personas que acuden a terapia no lo hacen porque sienten que tienen una herida emocional, sino porque su comportamiento muy ofensivo o muy defensivo, les afecta en su diario vivir, con la pareja, en el trabajo o en otras situaciones sociales.

¿Herida emocional = trauma?

Antes de continuar, me gustaría señalar una diferencia, porque las heridas emocionales son, por supuesto, causadas principalmente por experiencias traumáticas graves, trauma = lesión/herida. Sin embargo, la dinámica que estoy describiendo aquí también se relaciona con experiencias formativas emocionales que no fueron necesariamente traumáticas, pero que tuvieron un gran impacto en el desarrollo emocional. Las vivencias difíciles y aprendizajes continuos que tuviste con tus padres de niñ@, siempre han dejado pequeñas heridas o marcas también. 

La herida en sí no es la emoción, sino una cognición, es decir, pensamientos y creencias que se han solidificado debido a experiencias negativas. Puede que aún no seas consciente de ello, pero estas creencias te llevan a reaccionar ante determinadas situaciones trigger a tu manera y así es como se hace sentir la herida.

Las creencias desencadenan emociones. Por ejemplo, una experiencia de negligencia y abandono en la infancia puede haber impregnado en tí la creencia «nadie me ama, no soy importante» y esto genera sentimientos de tristeza o miedo y la tendencia a hacer lo posible para cubrir o contradecir esa creencia , por ejemplo buscando atención y cariño como sea.

¿Cómo afectan estas heridas emocionales a tu vida cotidiana?

Como ya se mencionó, las heridas emocionales se expresan como una reacción emocional excesiva o insuficiente. El término EMOCIÓN se deriva del latín: emovere, que significa “salir de”, es decir energía interna que busca expresarse. Por supuesto, hay muchas formas diferentes y grados de intensidad y frecuencia con los que uno siente expresiones emocionales. Esto puede ir desde una depresión profunda que acompaña durante mucho tiempo (inhibición emocional) hasta ataques de pánico o de ira (sobreexcitación), como suele ser el caso de las personas severamente traumatizadas.

¿Cómo se expresa la herida emocional en casos de trauma?

En la investigación del trauma se habla de 4 formas de expresión emocional del trauma. Según la teoría, cualquiera que haya sufrido experiencias traumáticas en la infancia o incluso de la adolescencia en adelante tiende a una de estas 4 reacciones protectoras naturales (ancladas neurológicamente en nosotros). Más fácil de recordar en inglés debido a las 4 “F”:

Fight = pelear (sobreexcitación)

  • Rabietas
  • Autodesprecio
  • Perfeccionismo
  • Discusiones: Siempre queriendo tener la razón
  • Uso de violencia física o verbal
  • Bullying etc.

Flight = huir (sobreexcitación)

  • Evasión de conflicto
  • Disociación
  • Adicciones (Al trabajo, las compras, alcohol, drogas, espiritualidad excesiva)
  • Constante escepticismo y paranoia.
  • Nerviosismo y miedo constante de que algo malo pueda pasar (para poder escapar a tiempo).
  • Inquietud física (no puede quedarse quieto, manos sudorosas, insomnio).

Freeze = congelación (Inhibición emocional)

  • Procrastinación
  • Depresión
  • Indefensión aprendida
  • Papel de víctima
  • Culpa
  • Tendencia apatía y cansancio crónico. 
  • Sin atreverse a cambiar o empezar nada.
  • Con dificultad para tomar decisiones.

Fawn = someterse (Inhibición emocional)

  • Dependencia emocional
  • Apaciguar
  • Adaptación a las circunstancias con el intento de complacer siempre a todos.
  • Con la mirada hacia afuera y siempre pendiente de lo que se espera de uno.
  • Miedo a no cumplir con las expectativas de los demás.

Aunque no hayas tenido ninguna experiencia traumática, es posible que te hayas identificado con una u otra de estas reacciones emocionales. Esto se debe a que todos hemos adquirido ciertas respuestas protectoras a nuestras propias heridas emocionales «menores». Las reacciones protectoras siempre tienen la función de protegerte del miedo o la impotencia que sentiste en un momento de mucha vulnerabilidad. 

Reacciones protectoras o mecanismos defensivos muy típicas, que consideramos ya casi normales de la vida cotidiana, son, por ejemplo:

Perfeccionismo, vanidad, obsesión por el orden, consumo (comprar, beber, fumar, drogas), negación, soñar despierto, verse siempre como víctima, mentir, encubrir, evitar conflictos, racionalizar/intelectualizar, tendencia a discutir constantemente y querer siempre tener la razón, etc.

Estas tendencias muy comunes, que por un lado conllevan malestar y pueden afectar significativamente tu vida social y laboral, te dan indicios de heridas emocionales. Son comportamientos repetitivos, que por un lado te parecen muy molestos y de los que quisieras deshacerte porque te hacen sufrir, por otro lado tienen una función importante para tu sentido de seguridad interior.

¿Qué puedes hacer para sanar las heridas emocionales?

Para iniciar un proceso de curación, siempre es útil comenzar identificando tus propias reacciones protectoras. Esto sucede automáticamente, porque en su mayoría son comportamientos que te causan problemas en la vida cotidiana, por ejemplo: 

  • ira en momentos que no la justifican.
  • retraimiento ante conflictos interpersonales (quieres desaparecer).
  • sensibilidad ante las expectativas, que siempre tu eres quien debe solucionar las cosas y te abrumas con un montón de problemas que no te corresponden.  
  • No te atreves a hablar por tí y tus necesidades, y siempre te orientas por las necesidades de los demás.

Entonces puedes preguntarte cuál es el sentido de estos comportamientos. ¿De qué se supone que te protegen? ¿Qué estás tratando de combatir o evitar al hacer esto? ¿Cuándo ha comenzado esto?

Mucha gente acude a terapia para deshacerse de sus reacciones protectoras, pero estas son principalmente señales para rastrear y comprender viejas heridas.

Las heridas emocionales siempre están en el pasado y en su mayoría surgieron en la infancia o, a más tardar, en la adolescencia. Esto se debe a que de niñ@s todos éramos más vulnerables y entendíamos menos lo que estaba pasando en el mundo que nos rodeaba. Entonces comenzamos a dar explicaciones propias a las situaciones que percibimos y que nos dieron miedo o preocupación. 

Obviamente, las explicaciones que da un niño a una situación, desde su realidad infantil y sin entender aún muchas cosas, no son muy acertadas (ejemplo, si mama y papa pelean es por mi culpa, soy una molestía, debo estar más pendiente de mama y papa…). Estas creencias dejan su huella en la mente del niñ[email protected] y se convierten en los primeros puntos de referencia sobre “cómo es él/ella”, “qué se espera de él/ella”, “cómo es el mundo”, “cómo son las relaciones de pareja”, etc.

Como primeros puntos de referencia no se quedan en la infancia, sino que los llevamos a la vida adulta. Por eso se habla también de la sanación del niño herido, como una metáfora que nos permite conectar con emociones y creencias del pasado, que nos acompañan en la vida adulta. En este sentido, las creencias negativas de tu niñ@ interior son las heridas reales, porque te dicen cosas de ti mismo, del mundo, de las personas que te rodean, y así te predisponen a sentir y actuar. Se podría decir que, las heridas emocionales son creencias que nos ayudaron a navegar en un entorno que nos resultó hostil o amenazante en un momento, pero que ya no son acertados para nuestra realidad actual.

En su mayoría son conceptos negativos de tí mismo como: “No soy lo suficiente”, “Tengo que rendir”, “Soy una molestia” o “Soy una carga”. Son verdades construidas que afectan cómo te ves a ti mismo y cómo te sientes con los demás. Por ejemplo, si de niñ@ aprendiste: “soy una carga”, puede ser que, incluso en la vida adulta aún intentas de mantenerte invisible, no causar problemas y no «molestar» a nadie con sus preocupaciones, etc.

Unos ejemplos, de cómo se construyen creencias en la infancia.

Cuando una niña durante toda su infancia recibe afirmación positiva específicamente por su belleza y mamá y papá le dan mucho amor al comentar lo hermosa y adorable que es, esa experiencia impacta su autoimagen en forma de creencias. Así se lleva ideas como: “Mi belleza es importante» o «soy valiosa por mi belleza», «me aman por mi ternura», etc. Además, puede ser que los padres de la niña también valoran a otras personas mucho por su apariencia o, en general, evalúan y critican constantemente a otras personas. Para la niña, esto puede significar: “No debo equivocarme”, “Debo portarme bien”, “No puedo dejar que vean mis errores”, etc.

Este es un ejemplo muy típico de cómo la vanidad y el perfeccionismo se aprenden como una reacción protectora, pero también la constante necesidad de validación externa y un comportamiento «tierno» que no permite a la mujer salir de su postura niña-muñeca. 

Aquí se puede ver además, que no solo son eventos de violencia o conflicto, los que te forman, sino también los valores que te transmitieron, indirectamente juegan un papel importante en la construcción de tu autoimagen. Entonces en la edad adulta, seguimos luchando constantemente para vivir de acuerdo con estos valores, sin cuestionarlos y sin darnos cuenta de ellos. 

Otro ejemplo podría ser de un niño cuyos padres ejercieron mucha presión sobre su desempeño escolar. Las preguntas y conversaciones entre él y sus padres trataron siempre sobre la escuela. Cuando sacaba buenas notas, eso se daba por hecho y si alguna vez sacaba una calificación baja, su padre lo castigaba con decepción y decía algo como «hubiera esperado más de tí», “tienes que esforzarte más, no te puedes conformar con menos”, de modo que el niño aprendió que el reconocimiento viene del desempeño y que sus notas determinan su valor y su valoración.

Por un lado, esta experiencia pudo haber ayudado al chico a dar siempre lo mejor de sí. Sin duda le fue muy bien en la escuela y también en la vida profesional. Por otro lado, esta forma de condicionamiento también significa que su estabilidad emocional siempre depende de la estabilidad de sus logros y que siempre necesitará referentes (como en la infancia fue su padre) que le dan afirmación. Teme las críticas, porque le recuerdan de la decepción del padre y se siente culpable si no obtiene lo que se ha propuesto. Cuando pierde en algo o no recibe una buena calificación en su trabajo resuena directamente con sus miedos infantiles cómo: «No hago lo suficiente», «Tengo que rendir, no debo decepcionar.», «Tengo que hacerles sentir orgullosos a mis padres”.

Así todo el mundo ha sido moldeado de cierta manera y esto ha afectado su propia imagen y creencias. Eso no quiere decir que todos estamos traumatizados, pero vale la pena preguntarte, qué heridas cargas todavía, que aún en la vida adulta resuenan con tu niñez. No se trata tampoco de echar toda la culpa a los padres o cuidadores, sino reconocer que ellos, aunque tuvieron las mejores intenciones, no fueron perfectos. Aunque tuvimos padres maravillosos, como adultos tenemos ahora nosotros una responsabilidad con nuestro niñ@ interior. 

Las heridas emocionales nunca sanan por completo, necesitan un cuidado constante.

Las heridas emocionales sanan de manera diferente a las heridas físicas. Un hueso roto puede sanar con el tratamiento necesario, como si nada hubiera pasado. Es un proceso lineal, eventualmente se quita el yeso y ese es el final de esa experiencia.

Tus huellas emocionales no desaparecen en el momento en que las reconoces o cuando terminas el tratamiento psicológico. Bien puede ser que todavía te descubras enganchado con una de tus estrategias protectoras “antiguas”, incluso si hace tiempo que ya has comprendido la dinámica detrás de esto. 

Así que tienes que practicar mucho. En primer lugar, atraparte a ti mismo en estas situaciones-trigger y decirte a ti mismo conscientemente: «Me siento vulnerable por una vieja herida emocional en este momento, lo que estoy sintiendo ahora, no es por una amenaza real, sino por mis miedo infantiles». Entonces es útil pensar en ciertas palabras o mensajes que te acompañen y que te lleven de vuelta al aquí y ahora. Por ejemplo: «Ahora ya no tengo que tener tanto miedo de esta situación, porque ya soy un adulto, ahora sé que puedo manejar esta situación y que no pasará nada malo».

En el caso del niño por ejemplo, que dependía de la constante afirmación de su padre, lo que en la infancia hacia el padre, en la vida adulta lo reemplaza el jefe o coordinador. Y puede ser que, aún cuando ya ha trabajado sobre su relación con sus padres en terapia, aún pasa por momentos donde se siente muy nervioso. Tal vez ante una presentación que debe dar ante sus superiores, no puede dormir, le sudan las manos y su mente está a mil por hora. Si aprendió a acompañarse distinto, podría decirse algo: “Este miedo es de mi infancia, cuando no quería decepcionar a papá, para no sentir su rechazo. Ahora ya soy grande, ya se que nadie me debería rechazar por algo así, sé que nadie me va a castigar o rechazar por una presentación, lo he hecho muchas veces y siempre me ha ido bien.”

Eso no es nada fácil. Para poder atraparte a ti mismo necesitas mucha práctica y también valor porque implica cuestionarte a ti mismo y también a la forma como te criaron. Tal vez, al principio no lo logras siempre en el momento adecuado, sino recién después de unas pocas horas o días. Con el tiempo, se vuelve más fácil reconocer cuándo estás en estos momentos donde te activa una herida emocional antigua.

También es importante que tengas en cuenta, que se trata de sanar una herida. Eso significa que tienes que tener cuidado contigo mismo y practicar compasión más que juicio hacia ti mismo. No te culpes, sé amable contigo mismo. Hay una lógica detrás de estas reacciones. Demasiada dureza y control es lo que inicialmente creó la lesión, ahora es importante confiar en el proceso y hacerte un/a compañ[email protected] bené[email protected]


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